Cómo hablar a un niño enfadado

December 5, 2016

Todos los niños en algún momento u otro se enfadan y se irritan, eso es algo normal. Pero no todos saben controlar sus ataques de ira o sus temidas “rabietas”, por eso son los padres y educadores los que deben ayudarles en esta tarea, que no deja de ser un aprendizaje para una vida adulta saludable y feliz.

 

 

Como padres, sentamos las bases de las habilidades para manejar nuestras emociones frente a un arranque de ira. Así que, la próxima vez que debamos enfrentarnos a una rabieta de un niño, o a un desaire de un adolescente, podemos utilizar alguna de las siguientes frases, dependiendo de cuál sea la situación:

 

 

 

1.- En lugar de: ¡Deja de tirar cosas!
Prueba esto: Cuando lanzas tus juguetes, pienso que ya no te gusta jugar con ellos. ¿Es eso lo que está pasando?

 

Esta técnica está diseñada para facilitar la comunicación de los sentimientos de una manera menos conflictiva. Esto no sólo ayuda a mantener las líneas de comunicación abiertas, si no que ayuda a modelar la forma de expresar una situación desde nuestro punto de vista, y a su vez le da al niño la oportunidad de reformular los acontecimientos desde otra perspectiva.

 

2.- En lugar de: Los niños grandes no lloran/gritan/etc.
Prueba esto: También los mayores nos sentimos así a veces. No te preocupes, estos sentimientos pasarán y luego te encontrarás mejor.

 

Seamos honestos. A más edad, más grandes son los problemas a los que nos enfrentamos y nos sentimos también mal. Decirles a los niños que los mayores no experimentan ira, frustración o ansiedad es simplemente falso. Tampoco es sano evitar o reprimir las emociones, lo que debemos enseñarles es a procesarlas de una manera saludable.

 

3.- En lugar de: ¡No te enojes!
Prueba esto: Yo también me enojo demasiado a veces. Vamos a probar nuestro grito de guerra para conseguir controlar un poco mejor estos sentimientos de rabia.

 

Un estudio reciente revela que gritar cuando estamos heridos físicamente, en realidad puede interrumpir los mensajes de dolor que se envían al cerebro. A pesar de que nuestro hijo puede estar sintiendo mucho dolor, un grito guerrero puede ayudar a liberar esta energía de una manera más lúdica.


Elige un grito guerrero o mantra junto con tu hijo para que os sirva de recurso en estas ocasiones.

 

4.- En lugar de: ¡No te atrevas a pegar!
Prueba esto: Está bien estar enfadado, pero no voy a dejar que pegues. Tenemos que mantener la seguridad de todos.

 

Esto ofrece el mensaje de que sentir esta emoción está bien, pero la acción no lo es. La separación entre ambos conceptos le ayudará a aprender a hacer lo mismo.

 

5.- En lugar de: ¡Lávate los dientes ahora mismo!
Prueba esto: ¿Quieres cepillar los dientes de Teddy primero o los tuyos?

 

Para los niños pequeños, las rabietas son una forma de ejercer control sobre su entorno. De esta manera, se le está ofreciendo una elección, y a su vez, un cierto control de una pequeña situación.

 

6.- En lugar de: Cómete toda la comida o vas a irte a la cama con hambre.
Prueba esto: ¿Qué podemos hacer para que tu comida esté deliciosa?

 

Esto invita al niño a encontrar una solución y puede animarlo a comer su comida.

 

7.- En lugar de: ¡Tu habitación está horrible! No saldrás de aquí hasta que no esté limpia y ordenada.
Prueba esto: ¿Qué tal que empezamos a limpiar este rincón de tu habitación? Te voy a echar una mano.

 

En lugar de centrarse en la inmensa tarea de limpiar y reorganizar un lío enorme, cambia la meta a una simple puesta en marcha. El inicio de una tarea indeseable puede proporcionar el impulso para luego continuar.

 

8.-En lugar de: ¡Apúrate o te quedarás!
Prueba esto: ¿Qué tienes que hacer para estar listo para salir?

 

Permitir a los niños a pensar sobre los procesos de la vida cotidiana. Esto ayuda a evitar una lucha de poder y se les da la oportunidad para ser conscientes de que están haciendo una transición a una nueva actividad. También se puede utilizar como un juego de roles para que los niños tomen mayor responsabilidad sobre la tareas.

 

9.- En lugar de: ¡Deja de gritar!
Prueba esto: ¿Por qué no me lo dices en tu tono de voz normal?

 

A veces los niños se quejan y ni siquiera se dan cuenta. Pidiéndoles que reformulen sus afirmaciones en un tono más pausado y normal, se les está enseñando que la forma en que se dicen las cosas es muy importante.

 

10.- En lugar de: Deja de quejarte.
Prueba esto: Te escucho. ¿Podemos encontrar una solución?

 

De nuevo, esto hace que la responsabilidad recaiga en el niño. La próxima vez que tu hijo se queje sin parar acerca de la escuela / cena / hermanos, pregúntale si puede encontrar soluciones. Recuérdale que no hay respuestas equivocadas.

 

11.- En lugar de: ¿Cuántas veces te tengo que decir lo mismo?
Prueba esto: Veo que no me oíste la primera vez. ¿Te parece que te lo repita y luego tú me lo dices de nuevo a mí?

 

Hacer que un niño repita lo que escucha solidifica el mensaje. Además, variar el volumen y el tono de voz añade un elemento de diversión a la solicitud.

 

12.-En lugar de: ¡Ve a tu habitación!
Prueba esto: Me voy a quedar aquí contigo hasta que estés listo para un abrazo.

 

El aislamiento envía el mensaje de que hay algo malo con el niño. Al darle un espacio hasta que esté listo para volver a participar, le estás proporcionando la seguridad de que estarás siempre allí para él.

 

13.-En lugar de: ¡Me estás avergonzando!
Prueba esto: Vamos a un lugar privado para que podamos resolver esto.

 

Recuerda, no se trata de ti. Es sobre él y sus sentimientos. Al salirse ambos del lugar, se puede buscar una solución dirigida al comportamiento sin lastimar la persona.

 

14.- En lugar de: Suspirar y rodar (dar vuelta) los ojos.
Prueba esto: Haz contacto visual, recuerda los puntos fuertes de tu hijo y dale una sonrisa compasiva.

 

Practica a mantener una mayor perspectiva de la situación y a ver los puntos fuertes de tu hijo.

 

15.- En lugar de: ¡Eres imposible!  (¡latotoso!)
Prueba esto: Ahora estás pasando por un momento difícil. Vamos a resolver esto juntos.

 

Siempre, siempre hay separar el comportamiento del niño, reforzar la emoción y trabajar juntos para llegar a una solución.

 

16.- En lugar de: ¡No puedo hablar contigo ahora!
Prueba esto: Estoy empezando a disgustarme, voy a quedarme aquí un momento para calmarme.

 

Enseñar a los niños cómo identificar y gobernar sus emociones mediante el modelado de ellas en tiempo real es una de las mejores enseñanzas.

 

17.-En lugar de: ¡Estoy a punto de explotar!
Prueba esto: Si el verde es la calma, el amarillo es frustrado y el rojo es enfadado, ahora estoy en la zona amarilla que se dirige hacia el rojo. ¿De qué color estás tú? ¿Qué podemos hacer para volver a verde?

 

Dales a los niños una imagen visual para expresar cómo se sienten. Puede que te sorprenda lo que dicen, y qué tipo de soluciones que se le ocurre a cambiar su dirección.

 

18.- En lugar de: Deja de decir “¡No!”
Prueba esto: Entiendo que no quieres esto. Vamos a averiguar qué podemos hacer de manera diferente.

 

Al reconocer la negativa del niño, estás confirmándole que le entiendes, pero en lugar de discutir si o no, cambiamos el guión para centrarnos en la búsqueda de una solución.

 

19.- En lugar de: ¡Para ya!
Prueba esto: Estoy aquí para ti. Te quiero. Estás seguro. (A continuación, siéntate en silencio con tu hijo y deja que la emoción se pase).

 

Cuando los niños están en la agonía de la ira o el pánico, a menudo sus cuerpos están experimentando una respuesta de estrés por el que, literalmente, se sienten inseguros. Haciéndoles saber que están a salvo y que los apoyamos hasta que pase el malestar, les mostramos la habilidad vital de la resiliencia.

 

¿Qué es la resiliencia?

 

Este concepto es un término que deriva del latín (del verbo resilio, resilire: “saltar hacia atrás, rebotar”). La resiliencia en realidad significa volver nuestro estado anterior, nuestro estado “natural”, por decirlo de alguna manera, especialmente después de pasar por una situación crítica o inusual. Es la capacidad que tenemos de afrontar la adversidad saliendo fortalecidos y alcanzando un estado de equilibrio personal.

 

En psicología, la resiliencia corresponde a la capacidad que tenemos para hacer frente a nuestros propios problemas, superar los obstáculos y no ceder a la presión, independientemente de la situación. Es la cualidad que mostramos para sobreponernos a períodos de dolor emocional y traumas. Su significado es muy similar al del término “entereza”. La teoría también nos dice que la resiliencia es la capacidad del individuo para tomar una decisión en un momento de crisis, aún teniendo miedo del efecto que dicha decisión nos pueda causar. Con esta capacidad la persona demuestra si sabe o no hacer frente a una situación de presión.

 

Autor: Marta Guerri de Padres ayudando a Padres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carla Herrera
Entrenadora en Disciplina Positiva
Directora de Pequeño Gran Humano

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas destacadas

Rueda de opciones para el control de la ira.

September 13, 2017

1/9
Please reload

Entradas recientes
Please reload

Archivo
Please reload

Buscar por tags